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Alberto Olmedo fingió su muerte... ¡dos veces!

  por Lector de Miles Mathis Esta es sólo mi opinión, basada en búsquedas que cualquiera puede hacer en Internet, pero que casi nadie hace. “Fue un rompecabezas el saber quién era mi papá”.  (Albertito Olmedo, 2018) El hecho ocurrió a las 8 de la mañana de un 5 de marzo, en el edificio Maral 39 de Mar del Plata ubicado sobre la avenida Patricio Peralta Ramos al 37 00, cuando el Negro Olmedo cayó del balcón 11 A en el año ‘ 88 (doble par de ases y ochos negro , la mano del hombre muerto). El fallecimiento del actor , aferrando una bolsa durante la caída, se asemeja al de James Butler Wild Bill Hickok, pistolero estadounidense que al recibir un disparo de Jack McCall durante una partida de póker el 2 de agosto de 1876, murió sin soltar los dos pares de ases y ochos negros que tenía en la mano. Nótese que Butler utilizaba el apellido materno y solía hacerse pasar por su hermano William, que su entierro el 3 de agosto a las 3 de la tarde podría ser una referenc...

El atentado a la AMIA, la Embajada de Israel y Nisman


por Lector de Miles Mathis

Sólo mi opinión, basada en búsquedas que cualquiera puede hacer en Internet, pero que casi nadie hace.


La AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina), que sufrió un atentado el 18 de julio de 1994, había estado en refacciones desde marzo. El arquitecto a cargo de la obra era Andrés Gustavo Malamud, que había estudiado en el colegio Otto Krause y tenía dos hijas, Débora y Astrid, que participaban en el Centro Hebreo Ioná, lo que indica que era una familia sionista.


8 años y 10 meses antes del atentado, un astrólogo le había dicho a la esposa de Malamud, Diana Wassner, y a su amiga Claudia que ella iba a salir en los medios y que veía una escalera, justo el lugar en donde murió su marido (cuyo mejor amigo se llamaba Gustavo). En 1976 Diana se había exiliado a Israel y México, donde su padre murió en febrero de 2024, trabajaba en el Conicet desde 1987 y aunque se casó en segundas nupcias con Enrique Burbinski y tuvo tres hijastros además de sus dos hijas Débora y Astrid, la muerte de su primer marido, con quién el día anterior había estado escuchando la obra Vivitos y Coleando, la convirtió en oradora de los actos conmemorativos.


Nos dicen que el capataz de la obra de Malamud, Julio Barriga Loayza, contrataba amigos y familiares, como a su hermano David, pero que “de religión, no eran judíos”. ¿De religión no? ¿Pero de otra cosa sí? Claro, porque seguro provenían de una familia cristiana a la que simplemente le gustaba comer knishes, leer la Torá y llamar a sus hijos David.


El día del atentado planeaban ir a comprarse una camioneta, justo el tipo de vehículo que arruinó sus planes. David murió bajo los escombros, dejando a su mujer Elena Cruz Loayza y a sus cuatro hijos, mientras que Julio escapó con su buzo violeta y pudo reencontrarse con su esposa Vilma y sus hijos Liliana, Magalí, Fabiola y Julio Jr.


  

El señor Barriga estaría orgulloso de los lobos usureros en el escudo de su familia y de la corona de los Loayza junto al noble chapulín, ¿verdad? Los dos apellidos de los Barriga Loayza pertenecen a la nobleza judía sefardí, y el segundo se reitera en el obrero fallecido Adhemar Zárate Loayza (sobrino de Berta Loayza). ¿Será que él también era familiar de Julio y David? Aunque no lo admiten, podemos deducir que sí, pues los tres obreros provenían de Tarabuco, Bolivia, donde las redes muestran un vínculo entre Esperanza Barriga Loayza y José Cándido Zárate Loayza, por ejemplo.


Recomendado a Malamud por el electricista Hugo Norberto Basiglio, que trabajaba con el tucumano Martín Figueroa, Julio había contratado como asistentes al militar Eugenio Vela Ramos y su hermano Juan. ¿Acaso un chiste interno por las velas y ramos que se ofrendan a las víctimas? Ellos eran tío y padre de Sandy, hermanos de César y Germán y cuñados del sobreviviente Policarpio Cruz Loayza, esposo a su vez de Encarnación Vela Ramos y primo de Lidia Fernández Zárate. ¿Ves cómo todos los apellidos coinciden? Y si consideramos la versión de que no existió la camioneta explosiva, ¿cómo puede ser que los ADN de Juan y Adhemar hayan sido encontrados sobre los restos del vehículo? O no estaban ese día en la AMIA o tienen que haber sido ellos los que colocaron intencionalmente los restos de la camioneta ahí.



El electricista Hugo Basiglio, esposo de María Dolores Rodríguez y padre de siete hijos, había dejado de ser colectivero por un infarto y participaba en política con su amigo Martín Figueroa, del partido radical, hasta que Malamud les ofreció un trabajo de ingeniería bien remunerado, sabiendo que no tenían título habilitante. A pesar de que Basiglio no solía ir al cementerio, el sábado anterior a la explosión había visitado la tumba de su madre y estaba nervioso como si supiera que algo le iba a pasar. Martín Figueroa, por su parte, estaba casado con María Magdalena Albornoz y tenía seis hijos. Los dos murieron a sus 47 años.


Los otros obreros fallecidos fueron Erwin García Tenorio y Rimar Salazar Mendoza, ambos bolivianos, el ingeniero mecánico Néstor Américo Serena, el albañil Danilo Villaverde y el gasista Fernando Roberto Pérez. De Erwin no se conocen datos ni foto; el minero y actor Rimar era esposo de Leonor, primo de Everth y padre de Dorian y Rimar Jr; el ingeniero Néstor Serena, amante de las películas de Chaplin y James Bond, tenía planeado mudarse a Santa Teresita con su mujer Ana María y sus tres hijos (María, Néstor Alejandro y Agustín); el tapicero y dibujante santafecino Danilo Villaverde, hermano de Patricia y Sandra, amigo de Fernando y Andrés, tío de Danna, hijo de Dolly Berón de Estrada y Rolando y novio de Marcela, era fanático de Axel Rose; y el gasista y bailarín de rock Fernando Pérez, padre de Mercedes, tenía 47 años.


Y veamos qué había pasado en un atentado previo:



1) Dos años antes, a las 14:47 del 17 de marzo de 1992, una camioneta se estrelló contra la Embajada de Israel en Argentina, causando 22 muertos y 242 heridos. También fueron dañados el Colegio Mater Admirabilis, del que estaban por salir 192 chicos de 3 a 5 años guiados por 22 adultos, y la residencia de ancianos San Francisco de Asís. Dado que la investigación apenas pudo determinar el número final de víctimas (que al principio eran 29) y adjudicarlas a la Jihad islámica, brazo armado de Hezbollah, es curioso que el periodismo haya podido contabilizar hasta la cantidad de profesores y alumnos afectados. Llama la atención también que el sitio oficial de la Embajada no tenga datos de cinco de las víctimas.


2) El atentado ocurrió minutos después de que la seguridad interna (Eli Ben Zeev)  finalizara una de sus rondas habituales y se retirara el embajador Itzhak Shefi, y justo antes de que llegara el personal policial externo (Oscar Horacio Chiochio). En la Embajada se almacenaban explosivos y había una galería de tiro, la policía y la gendarmería no lograban ponerse de acuerdo en el tipo de sustancia que estalló (pentrita o hexógeno), la orden por la que el patrullero de Gabriel Soto y Miguel Ángel Laciar abandonó su puesto ese día apareció varios años después, el supuesto coche bomba había sido adquirido el 24 de febrero por el falso brasilero Elías Ribeiro Da Luz al fotógrafo policial José Antonio Galbucera y el agenciero Roberto Barlassina, varios testigos vieron personas realizando un cráter intencional en la vereda luego del atentado, y la Academia Nacional de Ingeniería determinó que la fachada había caído hacia afuera, por lo que la explosión tenía que haber venido desde adentro. 


3) La Embajada estaba siendo refaccionada por el arquitecto Gabriel Pitchon. Junto a 12 argentinos y 4 israelíes murieron 3 albañiles bolivianos (Carlos Raúl Baldelomar Siles y los hermanos Alfredo Oscar y Freddy Remberto Machado Castro), el paraguayo Aníbal Leguizamón (plomero), el italiano Francisco Mandaradoni (plomero) y el uruguayo Miguel Ángel Lancieri Lomazzi (peatón). Los cuerpos de los israelíes David Joel Ben Rafael, Eliora Carmon y Zehava Zehavi fueron enviados a Israel sin practicarles autopsia, la cual tampoco se le practicó al peatón argentino Andrés Roberto Elowson. Tres de los fallecidos estaban en el Hogar San Francisco (Celia Haydée Arlia de Eguía Seguí, Escorcina Lezcano de Albarracín y Francisca Meyers Frers de Hernández) y uno en el Colegio Mater Admirabilis (Juan Carlos Brumana).


Luego, uno de los fiscales que investigó estos atentados apareció muerto en su propia casa, también con varios puntos extraños:



1. El fiscal Alberto Nisman se casó en 1994 con la jueza federal Sandra Arroyo Salgado, con quien tuvo dos hijas, Iara y Kala. Se divorciaron en 2012, y aunque sus elevados ingresos le habrían permitido comprar otra propiedad, decidió mudarse al departamento 13 B de la Torre Le Parc de Puerto Madero, donde pagaba un alquiler mensual a Héctor Edgardo Acevedo, padre de su ex-secretaria privada Mariela Carla y del ex Secretario de Inteligencia Sergio Edgardo Acevedo.


2. El 17 de enero de 2015, Nisman le pidió prestada un arma a su amigo y experto en informática Diego Lagomarsino, argumentando que la necesitaba para proteger a sus hijas, a pesar de que él ya tenía armas y custodios propios.


3. Diego Ángel Lagomarsino, nacido en Banfield el 22 de marzo de 1976, era hijo del contador y mago aficionado Héctor Mario Lagomarsino, jubilado de la caja de Seguridad Social de la Provincia de Buenos Aires, y de Ana María Barros, ex museóloga de la Casa Rosada y del Museo del Traje (lo que hace pensar en los sombreros Lagomarsino que utilizaban políticos masones como Yrigoyen y Palacios, o en la histórica presencia de este apellido en el peronismo). Estudió en la escuela N° 7 IMPA de Quilmes, perteneciente a la Fuerza Aérea Argentina (nótese el logo con la alas del fénix), y obtuvo su matrícula en 2010 al graduarse como licenciado en informática en una sub sede de la Universidad Católica de Salta en Buenos Aires, que quedaba casualmente frente a la casa de Carlos “Moro” Rodríguez, ex agente de la SIDE a quien le había arreglado la computadora de su hija en 1998 y que en 2007 le presentó a Nisman porque necesitaba el servicio de alguien de confianza. Así que nos quieren hacer creer que todo esto es casual y que los agentes de inteligencia contratan a especialistas externos para arreglar sus computadoras personales, dándoles acceso incluso a información privada sobre sus familias, lo que no sería muy prudente que digamos.


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